Creación y patrimonio
La Creación de Eva
De la serie "El Génesis de Hualahoyo"

Texto adaptado de “El Génesis de Hualahoyo” de Luis Eduardo Wuffarden

Hasta hace unas décadas, sobre los muros de la capilla de la Virgen del Rosario de Hualahoyo, una pequeña localidad de la sierra central del Perú a las afueras de Huancayo- podía verse un conjunto excepcional de lienzos cuzqueños: 20 escenas del primer libro de la Biblia, que abarcaban desde la Creación del mundo hasta los orígenes de la humanidad. Tanto la rareza de aquellos temas como la notable calidad de su factura hacían del Génesis de Hualahoyo una las series más notables, y a la vez menos conocidas, de la historia de la pintura andina.  Los lienzos fueron sustraídos ilegalmente, entre 1990 y el año 2000. Varios años después, la decidida acción del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, así como de varias otras instancias estatales, hicieron posible el retorno al país de siete de ellas. “La creación de Eva” es una de las obras recuperadas.

Como ocurre en muchos otros casos, la historia de estos lienzos y las circunstancias de su encargo permanecen desconocidas.  No ha sido posible determinar cómo ni cuándo llegaron a Hualahoyo. Su estilo corresponde a un maestro -o taller- activo durante el último cuarto del siglo XVII, cuando las tradiciones pictóricas del sur andino alcanzaron un momento de consolidación y auge; los pintores andinos no se limitaron a replicar las fórmulas del barroco flamenco, sino que lograrían replantearlas en función de una audiencia local. Es el caso de Diego Quispe Tito, maestro indígena. Precisamente por ello, el historiador Francisco Stastny, no dudaría en atribuir el Génesis de Hualahoyo a un seguidor cercano de Quispe.

Su modelo gráfico proviene de una serie de estampas firmada por el maestro flamenco Johann o Jan Wierix (cerca a los años de 1549 a 1620), fechable a comienzos del siglo XVII. Sus formatos originales, fueron transformados de modo significativo por el pintor andino al desarrollar los mismos temas sobre lienzos apaisados, lo que le permitía emplazar cada escena en medio de vastos escenarios de fantasía. Otro aspecto interesante es el esfuerzo demostrado por el artista local para representar el cuerpo humano desnudo, motivo muy poco frecuente en la pintura del virreinato.

Para componer este tema, quizá Wierix se haya inspirado lejanamente en el prestigioso modelo miguelangelesco pintado en la bóveda de la Capilla Sixtina. Así lo sugiere la distribución básica de las figuras, aunque el gesto de Dios Padre, bendiciendo a la primera mujer junto a Adán dormido, correspondería a una sensibilidad más afín con la devoción contrarreformista. La inclusión de un león y un mono en primer plano pudieran aludir a los males y tentaciones que acechaban a la pareja primordial.  Esta interpretación resultaría confirmada por la escena previa al pecado original que se entrevé al fondo, en la cual el Padre Eterno muestra a Adán y Eva el árbol del bien y del mal, mientras les advierte los peligros de comer su fruto prohibido. Pero, sin duda, uno de los elementos más atractivos de esta pintura es su envolvente atmósfera paradisíaca, lograda mediante el vasto panorama que ambienta el relato.

 

Ficha Técnica

Autor: Anónimo
Medidas: 127 cm x 168 cm
Ubicación: Colección del Ministerio de Cultura del Perú
Año: Siglo XVII

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